y has negado a mis ojos
tus encantos
hundidos en un desolado
y frío balcón
creí verte
y solo fue mi imaginación
que te puso allí como aquellos
días
en qué tímidamente respondías
mi fatua sonrisa
que en su insolencia
pretende brillar más que yo
y vino a mí tú rostro
y tus ojos
y esas caderas que
sé ciñe a ti
y tus pies descalzos
hacen desear tus huellas
en mi espalda
en mi pecho
en mis cicatrices
Y la realidad que golpea
me muestra la imagen
triste de tu ausencia
un fondo en blanco y sin forma
de balaustres quietos
y torpes
de macetas de raíces roídas
y sin flores
tan diferentes
tan antítesis
a ti.
Así, supe que no estabas.
Ciriaco A. Pichardo S.
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