jueves, 1 de agosto de 2019

Extraña.

¿De dónde eres
amor?
Que te noto tan distantes
de las otras.
Ese hoyuelo en tus cachetes
asemeja una estrella que ríe
esa piel que brilla
me hace sospechar
que no existes
y si me acerco
nunca es suficiente
para mí.

¿Dónde duermes
amor?
Que mantienes tan vivo tú cuerpo
como si nada lo tocara
pareciera que duermes de pie
como los violines
cuidando la curvatura
y tu pelo rojizo como arboleda
de Cerezos colorea mis días.

¿Por quién suspiras
amor?
Si no habría iguales entre los hombres
que pudieran acariciarte sin rasgar tu piel,
tus pechos redondos y llenos,
esa alma tan desprotegida
en un mundo tan cruel.

No me lo digas
amor
déjame sospechar
déjame adivinar
déjame el placer
de no saber nada de ti.

Ciriaco A. Pichardo S.

Cuando no estas.

Te perdiste
y has negado a mis ojos
tus encantos
hundidos en un desolado
y frío balcón

creí verte
y solo fue mi imaginación
que te puso allí como aquellos
días
en qué tímidamente respondías
mi fatua sonrisa
que en su insolencia
pretende brillar más que yo

y vino a mí tú rostro
y tus ojos
y esas caderas que
sé ciñe a ti
y tus pies descalzos
hacen desear tus huellas
en mi espalda
en mi pecho
en mis cicatrices

Y la realidad que golpea
me muestra la imagen
triste de tu ausencia
un fondo en blanco y sin forma
de balaustres quietos
y torpes
de macetas de raíces roídas
y sin flores
tan diferentes
tan antítesis
a ti.
Así, supe que no estabas.

Ciriaco A. Pichardo S.

Impasible.

Sé que eres de armas a tomar
y me gusta
como afrontas los problemas
y maldices acalorada
lo pequeño que soy.
Cuando agujereas las paredes
para montar tus cuadros
las cortinas.

Tu rostro impasible
cuando la telenovela
intenta sacar una lágrima
que no te alcanza.

Los abrazos
son una bobería,
las flores lo mismo
que espinas,
las uñas
herramientas de jardinería.

Me empequeñezco
junto a ti
dejándote ser
alma infranqueable.

En la cama
eres distinta
te transmuta la noche
la luna te vuelve tibia
tus fuerzas se desdobla
y tú delicadeza
me deja sin fuerzas
cuando tus gemidos
te vuelven dama
y ya no soy
tan pequeño.

Ciriaco A. Pichardo S.

Amar.

No me amas como en los cines,
tus caricias parecen más palmadas
que lo que pretenden ser.
Y pasó de ti en ocasiones
en la que no estoy dentro mío,
y me lamento al quedar dormido
sin haberte besado.

Cuando el frío azota en mis sueños
me enredas en tus cálidos brazos
en ocasiones me ladeas para alejar el ronquido
cuidando no espantarme.

Y despierto a toda prisa por el retraso,
la ducha me sacude y muestra el nuevo día
de ojos claros que observan el Vaivén
de amores anormales, como el nuestro.

Te luces mirando todo desde mis espinas
y de a veces una flor reluce más que todo
porque el amar no es tan simple
y lo complicado guarda un encanto
que no es simple de explicar.

Cuando has visto de revés mi pecho
cuando miras como miras mis manías
cuando el dulce de mis labios es salado
cuando nunca hay otra vida en mi vida
si el mar en su oleaje me hamaquea
de rodillas o de pie yo voy remando
y la vela que me guía se desguinda
miro al lado y allí estás amada mía.

y es que Amar.. Amor.
Es compartir un colchón en el infierno.

Ciriaco A. Pichardo S.

Aléjate.

Te veo a la distancia de dos amores fugaces,
en dirección a mí, que no espero tu llegada.
Me ladeó y me hago el loco y tú no cambias las pisadas,
y ese vestido de colores sombríos
me hace imaginar lo que me dabas

Pero vil y cobarde te me escondo
porque de lo que hiciste no quiero acordarme
y si veo como veía dentro de tus ojos
no podré escapara de ese abismo infranqueable.

Así que de mí aléjate y busca otros cauces
que mi corazón ya no soporta otra sacudida
huyendo como lo hago, como un cojo
no podré ni aunque quisiera yo ganarte

Tuerce tus pasos, por favor
ex novia rebelde de este cobarde notable
y vuelve inocente a tu redil
sin que tus ojos quieran matarme
con manos limpias y no como antes
pues si otra vez mis labios besas
como carajos voy a olvidarte.

Ciriaco A. Pichardo S.

Nada que decir.

No siempre que escribo lo hago
cuesta de momento encontrar las palabras
que puedan desdoblar mis pensamientos
y es que hay demasiado tráfico
en los hombres rotos y solos
el ruido
las copas a medio llenar me socavan
los ceniceros repletos
evidencian un bloqueo que no tiene fin.

La quietud del corazón
diluye la escasa tinta de los tinteros
y el mutismo de la noche da paso
al zumbido de un viento recién lavado y fresco.
El ruido que ofusca mis pensamientos trastabilla los versos
y el amor que no cesa en su escapismo
muestra la espalda en su andar canallesco.

Trato de vislumbrar su rostro
que viene hacia mi cadavérico y fantasmal
nada que decir, y chupo otro cigarrillo
y el alquitrán, la acetona, el cadmio...
Se cuecen en un crujir ígneo.

Otra colilla al cenicero
la copa ha quedado desierta
la página ha quedado desierta
y otro ruido que me deja
sin nada que decir.

Ciriaco A. Pichardo S.

sábado, 22 de junio de 2019

Consejos.

Me conmueve verla suspirar así
y sus amistosas manos sobre las mías
como seda deslizándose suavemente
me acaricia el alma.

Escucho atentamente
cuando me habla de su galán
y acierto en los consejos
casi siempre
Dice que algunos besos
no le saben a nada
cuando sus manos se apresuran
por su espalda
pos sus nalgas
le entra miedo, por el sabor...
No sabría cómo sería
si debía seguir

–Es normal en principio–
balbuceo inseguro–
todo irá bien.

Se sonroja y me rodea el cuello
río con ella con un hálito desdeñoso
que camufló muy bien
y sus labios se aprietan frente a mí
en busca de mis sabios consejos
que la siguen arrojando a esos besos
que no saben a nada
a esas manos que tocan sus nalgas
apresuradas
como tanto imbécil por todo el mundo
como yo.


Ciriaco A. Pichardo S.

La perdí

La perdí
En un despiste del destino
Que arcillamos los dos
Recuerdo su risa
Siempre perfecta
Sus ademanes movían el mundo
Sus caderas envidiaba el mundo.

Cómo lidiar con todo aquello
Cuidar tanto
Cuando se es solo un hombre
Sumido en sus inseguridades
En sus demonios
Lo intentaba
Todos los días
De momento lo lograba
Y era feliz, de tenerla.

Debía protegerme
De las desdeñosas miradas
Que disminuían a su lado mi amor
Y enderezaba el porte
Disimulando mi adiposo vientre
Y mostraba mi hoyuelo en un medio sonreír
Lo notaba, y se burlaba de mí
Y en su afán de no merecerle...
Y en un descuido de nuestro destino...
Ignorando si algún día la tuve....
La perdí.

Ciriaco A. Pichardo S.

Tenias que ser tú

Tenias que ser tú
La que cuidase mis infortunios
Vendando mi escuálida piel
Que se desguinda de mí
En cada uno de mis
Recurrentes tropiezos.
Mis caídas.

No era tu culpa, amor
Que mis pasos sean siempre Errados
Que cizallen por las polvorientas calles
De cielo plomizo que relampaguea
En ofensa hacia mí.

Debiste sostenerme, amor
Cuando derramaba lágrimas
Sobre tus pies
Cuando tu mano abierta
Me negó el sostén
Cuando mis fantasmas
Te veían ir y volver
Y en una puta locura mi amor
Te moriste sin mí.

Ciriaco A. Pichardo.

La mujer que herí

No me conocen
Y vierten historias sobre mí
Que soy feliz pasando de todos
Que una vez herí a una mujer
Que maldigo candorosamente
a los que interrumpen mi espacio.

No lo saben
¿Cómo han de saberlo?
Si solo converso a solas
Conmigo
Que no sé cómo jugar a este juego
A los abrazos
A los besos
Al amor

No me conocen
E ignoran que cada día
Muero por hacerlo todo
Por aprenderlo todo
Por jugar a ese juego sin fin.
Pero soy débil, endeble...

Si tan solo lo enseñaran los libros
Si tan solo fuera un niño
Que se empapan de su alrededor
Repitiendo muescas
Devolviendo abrazos
Besos...
Pero solo soy un hombre
Un lobo que aúlla a la luna
Por la mirada de la mujer que herí.

Ciriaco A. Pichardo S.

lunes, 6 de mayo de 2019

Me pesabas.

Te quería
no lo dudó
pero sentía un gran
peso siendo dueño
de un amor con el tuyo.

Eras cariñosa
lo sé
siempre buscándome
las cosquillas
hurgando en mi sonrisa
que se tragaba tú admiración.

Tu ambivalencia me trastornaba
cuando a mediodía
ya no querías el brillo
del amanecer
cuando mis besos decías
eran distintos
y me reclamabas un pasado
que ya no era yo.

Luche para adaptarme a ti
para no mancillar lo que teníamos
por decisiones que tomaban
un rumbo incierto
y esos gustos que se posaban
en ti en cada peinado
en cada día
me dejaban exhausto
abatido.

Te quise
no lo dudes
pero todas tus tú
me pesaban
demasiado
tu múltiple amor
fue mucho para mí
y aunque esquelética
me pesaba tu amor.

Ciriaco A. Pichardo S.

sábado, 27 de abril de 2019

Su sombra.

La noche con luna se te dan bien
su luz cómplice nimba tu pelo de
rastro de plata
y la aureola impregna su brillo
a esa piel canela que reviste
tu cuerpo.

Me sentía feliz viendo todo aquello
como la naturaleza te premia en su afán
como el destino me tropezó contigo
me acerqué con impávidos pasos
tratando de sorprenderte desde atrás
no sospechaste de mis pasos crujiendo
las hojas secas que alfombraban
el césped oscuro
ni se inmutó tu cuerpo cuando
con mis brazos tome tú cintura
aunque mi perfume delató quien era yo

Una sombra a esa luz que reflejaba
tu mejilla eclipsó
el ramo de rosas en sus manos se agitaba
su semblante palideció
sus ridículos pasos trastabillaban
sin dirección.

No me esperabas a mí
estabas ausente, vacía
como cascarón profanado
al girarte mirabas al suelo
esquivando mi inquiriente mirada
mis dedos que ayudaban a recoger
desde tu mentón la mirada perdida...

Y así fue cuando vi tu cara triste cuando te reíste
a la vez que mi hombría se hacía niño
que me orgullo se esfumaba
con este amor
que anduvo a rastra tantas millas
por ti.

Ciriaco A. Pichardo S.

No quise.

Siempre la vi entre nubes
el humo malvivía a su alrededor
las botellas se amontonaban
en los rincones donde más de una vez
bebí de ella.

Y era excitante todo aquello
lo salubre del vino sobre tu piel
beber de ella
alucinante.

Varias semanas lo fue
una locura.
Cuando el desenfreno paraba
no quedaba nada entre nosotros
eras una esfinge
sobria
miraba inerme
con esos ojitos que fruncía
ante la luz
no sabía estar sana.

Un vacío de hielo
se interponía en medio
helándolo todo
matándolo todo
querías morir conmigo
pero no quise.

Ciriaco A. Pichardo S.


Que tonto fui.

Me ha Sido fácil
creer las mentiras
cuando olvidó rebuscar
por dentro
nunca fui tan tonto
como a su lado
menguaba entre su sueño
y el mío
mientras la realidad acechaba
en alguna parte
lejana
cómo ella lo está ahora.

Se entregaba como si me amara
y era maravilloso
compartir ese espacio con las estrellas
la atmósfera irradiaba
desde el fondo de sus ojos
y entre sus piernas fui menos que hombre
fui un niño llevado de la mano
contemplando todo aquello
encantado
por ella
por lo que me daba
y siempre pensé que me amaba
yo la amaba hasta los huesos
y era mágico.

Todo en ella me inundaba
me salvaba con sus besos
y sus caderas era todo lo que soñaba
cuando dormía y despertaba
siempre estaba en el centro de todo
la respiración se dificultaba
en su ausencia
increíble
que feliz fui
que tonto fui
a su lado.

Ciriaco A. Pichardo S.


No lo recuerdo.

Éramos felices
o al menos eso quise
o tal vez solo lo imaginé
como bálsamo alterno
a esa realidad que no recuerdo.

Supongamos que no...
Y maldigamos lo que fuimos
contando anécdotas de como
malvivíamos en un infierno supuesto
por tu afán de quererme a medias
por mi ingratitud a tus besos
y el desdén a tus flácidos pechos.

Es difícil saberlo, amor.
Si cuando desnuda te echabas
a mi lado y buscabas mi sexo sin respuesta
te carcomías las sienes al ver
las cenizas del fuego extinto en mí.

¿Y si fuimos felices, amor?
y no lo recuerdas.
Supongamos que si
y contemos como de la mano
nos vitoreaban las flores
como el sol en su rojizo ocaso
alumbraba nuestro camino
en las tardes que éramos uno
digamos a todo amor
que extrañamos como nos mojaba
el rocío esperando el amanecer
mirándonos a los ojos.

Que no dio abasto nuestra habitación
y cuando me besabas
mi sexo se alegraba y en el tuyo correteaba
por la sala, por la cocina... Hasta el balcón.
Que nadie te quiso tanto
que nadie ardió por ti tanto
que nadie metió en el tuyo
su corazón.

Pero amor
no lo recuerdo.

Ciriaco A. Pichardo S.

domingo, 7 de abril de 2019

inventándola.

Tengo que buscar la forma
de amar
de sentir las atrocidades
de los enamorados en mi interior.

El tiroteo de los nervios
al ver unos labios entreabiertos
la inseguridad de no tener siempre
a la vera mi amor.

Tengo que encontrar a esa.
Que me vuelva tonto
que me haga fulminar la pantalla
del teléfono
y rabiar por la ausencia de una notificación
preocuparme si vive, si murió
y mirar por la ventana el cielo plomizo
resoplando una canción.

Tengo que buscar la forma
de amar
de sentir las atrocidades
de los enamorados en mi interior.

Que me erice la piel su roce
que mis ojos se nublen
en su contemplación
que su rostro eclipse
aquellas montañas
esta flor
y que por su costado
baje un rio
y desafiemos el reloj.

Verla de la mano en las plazas
con otros tipos que nunca son yo
que llevo dentro un capullo encerrado
resguardando el amor
para no salir herido
o herirla yo.

Es que soy tan arcano
tan vago
que en vez de encontrarla
la veo en todas
y para no marchitar
me quedo en mi rincón
inventándola...
Inventándonos.

Ciriaco A. Pichardo S.

Cuando la veo...

Siento algo extraño
cuando me la encuentro,
tartamudean mis pensamientos
y no logro articular
una silaba que gane su atención.

Casi nunca la veo,
la protegen de todo
la ocultan de todos.
Encerrada en una jaula
de barrotes macizos
y altos muros indivisibles.

Sigo sintiendo algo extraño
cuando la veo,
iba delante de mí
a pasos ligeros,
su silueta desde atrás
difumina su alrededor.

Su aroma me envainaba
su pelo conseguía mi atención
y la mirada invasiva que le posaba
le cosquilleo el costado.
Giró su rostro y ahí estaba yo
atolondrado de su mirada en la mía.

Su sonrisa me desatonto
y mis labios trataron
de imitar los suyos
malamente.

La saludé como único
se atreve mi laconismo.
Un ademán imbécil
que coloca un abismo
de distancia,
mientras ella vuelve sus
pasos a aquella jaula
que la protege de todos
que la esconde de todos
que la deja sin mí.

Ciriaco A. Pichardo S.

domingo, 24 de marzo de 2019

Descarnada.

Rara vez parece viva
lo débil de su cuerpo
encorva su espalda
sus diminutos pechos son
pezones punzantes.

Cuando ríe
su nariz aguileña
enrojece y me encanta
y el desaliño de sus nuevos días
marcan la cotidianidad de su amor
en el mío.

Sus piernas sobresalen
a sus caderas
su sexo se agiganta
a la ausencia de muslos
sus costillas siento
al rodearla con mis brazos.

Y me encanta
la ligereza de su amor
la carencia de carne
adiposa
que la esqueleta.

La animo con amor
trato de alimentarla
como pichón de pájaro
desvalido.
Y cuando lo logro
llora culpable de haber
confiado en mí
que la engordo
para luego arrojarme
a los pies de otro amor
descarnado.

Y beso sus mejillas
tristes, flácidas...
Y besos sus lagrimas
y ya no sé si son suyas
si podre sostenerla.
Aunque siempre ligera
su alma pesa
como su amor en el mío
que la amo así
descarnada.

Ciriaco A. Pichardo S.

Es muy joven.

Su ingenuidad me sigue
mientras trato de no encontrarla
sin embargo en todo la veo
con su par de moños
y esa boca de diosa.

Me sacudo y la ignoró
vagamente
casi nunca lo logró
es tan bella y viene a mí...

Es muy joven
yo lo sé
y me jode
sabe hacerlo
con sus labios siempre
rosas
dejando escapar nimios suspiros
borbotando sus jóvenes pechos hacia mí
que me escabullo
vagamente.

Y quisiera ser joven de nuevo
y quisiera no ser tan hombre
de nuevo
mientras ella viene a mi
y me acusó de huir
un año más...

A veces me pasa tan cerca
que rosa su piel junto a la mía
que se eriza
de miedo
de deseo
de que los años le pasen
y poder detenerla tomándola
de sus brazos flácidos
y verle a los ojos
y perderme en ellos
en sus labios también
que siguen dirigiendo
su hálito hacia mí
y punzar mis pechos
con los suyos
y olvidar los relojes
el tiempo
pero huyó
vagamente
un año más.

Ciriaco A. Pichardo S.

sábado, 9 de marzo de 2019

Chistes.

No perduran los chistes
de los cuerdos de atar
no son fríos los cebiches
si en la hoguera han de estar.

No sonríen los que fingen
ser más cruel que la crueldad
si se desbrazan los meñiques
zapatea y deja atrás.

No es dolor eso que viste
es decepción y cierta piedad
si de un jalón te fuiste a pique
qué traigan tequila, limón y sal.

De Romeo a todos vistes
sean Ramones, Luises o tal
de cuentos tus días grises
de azafrán tu realidad.

No me atrevo a enviarte flores
ni a redimir tú vago andar
si el cerdito no aguanta ni un penique
no quedan cuentas por cobrar.

Ciriaco A. Pichardo S.

Tragaluces.

Tus ojos veo en los tragaluces
de las abadías ancestrales
que recorro hasta tus brazos
socavando el camino.

Y se hacen eternos mis pasos
que destrozan las hojas secas
de un otoño que de ti pasa
esperando mi llegada.

Las escalinatas pretenden desganarme
pero el perfume que me guía hacia ti
arrastra mi cuerpo encantado
y las flores que de las grutas
de altos muros se asoman,
me sonríen y me indican el camino.

Ese camino que por ti
tantas veces he de recorrer
sorteando los obstáculos
de los amores grandes...

Espero tu despertar junto al mío
por la eternidad que me parece
poco tiempo. Te amo.

Ciriaco A. Pichardo S.

Lindo recuerdo.

Hace tiempo que no te veo
y me alegro de ello
no guardo rencores amargos
no olvidó los dulces
ni tus piernas.

No sueño con verte
en esa lejanía
borrosa y sin destino
cuando rezó te nombro
claro, casi nunca lo hago
aun así, te pienso cuando
no hago nada más
cuando llueve por ejemplo
y estoy aguardando bajo
algún cielo falso
entonces pasan caminando
algunas piernas preciosas
y ahí llegas de a pedazos
siempre lejana
traslúcida.

No sé si me piensas
cuando ves un desamparados
quizás te pasé
y su colilla me nombré
o me maldice
y me destrozas
en el pensamiento.

Eso quiero
no ser un lindo recuerdo
como el de un perrito
ido a destiempo
quiero ser sombras
abismo infranqueable
solo quiero ser yo
en tus recuerdos.

Ciriaco A. Pichardo S.

Derrape otra vez.

Derrape otra vez
entre tus muslos llenos de frío
y no supe que hacer luego
si huir o quedarme guarecido allí
esperando el calor.

No te diste por enterada
o me ignorabas en tu perfidia
no sentí reacción alguna
y busque tus ojos al apartarme
chocaron con los míos
lo sabías.

Que volvería alguna vez
siempre pasa
cuando te destruyo
alguien me destruye a mí
entonces vuelvo tras mis pasos
hasta el frío de tus muslos

El calor no llega
ya no despierto llamas en ti
me apena, lo sabes
te amo de forma extraña
y te gustaba casi siempre
esta vez, no estoy seguro
parece no importarte
una mierda.

Te ladeas y muestras tú espalda
la cicatriz de la estocada me guiña
tus curvas siguen firmes
tu corazón no siento latir.

Parece que es cierto
a veces se está tan roto
que no hay manera de
hacerlo más.

Y aquí estoy
buscando salvarte
mientras me salvó
a tu lado
invisible a ti

Pero no logro nada
no logro hacer encajar
los pedazos acuíferos
de esquinas deterioradas.

Adiós, pedazos de mí.
Ciriaco A. Pichardo S.

Calle abajo.

Iba calle abajo
el sol me recalentaba la nuca
los autos sobre la avenida
marchaban ligeros
me resguardó la parada del bus.

El humo del cigarrillo
me llevo a la rubia
chupaba el cigarro con
esos labios regordetes
Y rojos, lo dentaba en
cada chupón.

Pasaban todos llenos
hasta el tope
decenas de rostros grasientos
sé amontonaban en el interior
nos miraban como el que está
donde queremos
como si no existieran más buses

La rubia tenía un profundo escote
preguntó si yo era poeta
me perdí en su escote
y negué con la cabeza
dijo que parecía uno
todos lo parecen respondí.

Y no pude dejar de mirarla
y no pude decirle nada más
y su escote se tragaba al mundo
y a mí.

Ciriaco A. Pichardo S.

Lagrimales.

Eres el cuerpo ausente
que acucias mis lagrimales
hinchados que se rehúsan,
Y al saberse tan lejos de
tus labios se desbordan
impasibles.

Todas las rosas parecen tú.
Todo el vacío llena tu recuerdo
y si camino por aquellas calles
desoladas que impregnamos de tu
perfume, de tu risa, de ti...

Me asquean con su silencio
reprochándome no pisarlas
en tu compañía,
y el árbol que contemplabas
con la copa en tus manos
no ha florecido jamás.
Y así, acucias los lagrimales
que te conté.

Ciriaco A. Pichardo S.

martes, 5 de marzo de 2019

Doblados.

Mi espera se desvela
observando los pasos torpes del hombre,
avanzando a todos los lugares
a los que lo impulsan las manecillas del reloj,
en busca de algo mientras ignoran todo.

Van doblados subiendo cuestas,
cargados de sueños borrosos e improbables,
con más expectativas que deseo,
con el cansancio como motor de utopías
a las que viven aferrados con manos hercúleas.

Ignorando, si, lo ignoran...
Que en cada paso pasan de lo que si importa,
lo fácil pareciera serle invisible,
lo sublime de lo simple no interesa,
lo que se poseen ya no impresionan a nadie.

Van doblados,
en busca de lo extraordinario
para colgarlo del cuello mientras su brillo dure,
para luego hacer hueco en el cajón
de cosas extraordinarias e ir por más,
siempre más...
Insaciables y doblados.

Subiendo la cuesta,
mientras los veo sentado
desde mi orilla,
y río
y lloró
y me apenó
y deja de importarme
hasta que me veo allí
doblado...
En medio de todos.

Ciriaco A. Pichardo S.

viernes, 22 de febrero de 2019

Murmullo.

Amiga que acosa mis oídos con tu silencio
a mí trepa tus manos, como la Yedra en las paredes
como el sol que tiñe los mosaicos
como la clorofila que las hojas enverdecen.

Cambia el semblante de estos labios y pecados
y ven a mí, imperfecta que me dueles.
Tráeme firme y salado tú costado
y no digas que culpable nunca eres.

Tuyos mis versos que vagan como bucaneros
que en los montes boscosos se entretienen
buscando más que cerdos, carruseles
girando unos labios que enmudecen.

Pero susurra a mis oídos lo que quieras
que el silencio en ti, ya me entristece
que no duelas en el alma como duele
el dormir sin el murmullo de tu lengua.

Ciriaco A. Pichardo S.

Estrujándome el alma.

¿Te has desvelado alguna vez
pensando en mis manos?

Descendiendo por tu morena espalda
como ramas de abedules
Rasgando tus secretos en mis uñas
hurañas
despertando de su sueño ese cosquilleo
en tus entrañas
rogando unos besos que te dio
este quien habla.

¿Recuerdas niña mía lo complicado
que se daba...?
Abrir tus piernas quedas bajo
el fuego que emanabas
sin ser tuyo sin ser nada
me envainabas de ese cielo
de esa luna encaramada
en los vuelos que volamos
Siendo loco y tú hada.

No pretendas que no entiendo
que estás manos son tú daga
si no tuviese por dedos
alfileres tan espadas.

De a veces fueron liras
y otras tantas gardenias blancas
los caminitos que hacías
que llevaban a tu cama.

Me desvelo por tus dedos
esas noches que ignorabas
que esos dedos me mataban
estrujándome el alma.

Ciriaco A. Pichardo S.

sábado, 16 de febrero de 2019

Déjame que explique esto.

Ella tropezó en mí
en los escombros de mi vida,
donde mis manoteos no atinaban
a sostenerse de nada,
donde el polvorín me negaba la vista
y la nebulosa estupidez mermaba
mis pensamientos,
en fin, entre las sombras
y mi vulnerabilidad.

En principio solo era una amistad,
un soporte de lágrimas mutuas
por asuntos de cada uno,
hasta que...

Recibí sus besos
que en nada lastimaban,
eran llovizna de frescos
y mis heridas cercenaban.
Déjame que explique esto,
no tan diablo como contaban,
de día son agridulces
y de noche como imaginaba.

Los días tristes en mí posaban
aquella mariposa de miel de hada,
su piel desnuda rompe hielo,
su voz repetía lo que soñaba.

No fue sincero el plan que abrimos
sin sospechar que sospechaba,
más de lo que quiso me dio de noche
mis días gélidos le fruncían el alma.

No tuve pena de irme un día,
sin reprocharle sus dobles ramas,
ora flores, ora hojas
ora espinas, ora nada.

De tallo igual que se doblaban,
digo de las ramas no de las campanas
de la iglesia coja donde se confesaba
de ser noche de polen
y días de llamas,
su perfume de azufre
y no ser llana.

Deja que explique esto...
Sin saber que significaba,
llorando paria lirios
riendo partía el alma,
muy frágil me encontraba
y no supe dejar su mano
que hacia mí erraba.

Menos tiempos del que creí
pasó de Orquídea a verde grama,
en vez de alas, espuelas.
Sus ojos fierro magnetizaban.

Fui dejándola ser
y fue tanto que no llegaba,
al encuentro turbio tan débil
como se esperaba.

Y para que seguir sufriendo
hurgando por dentro lo que pasaba...
Pa no cansarte el cuento
ella voló, como volaba.

Ciriaco A. Picharado S.

sábado, 9 de febrero de 2019

Tras Visillos.

Su silueta interrumpió
hermosamente la oscuridad,
mi mirada directa congeló su cuerpo
unos segundos,
la belleza abstracta
de su mágica silueta y
el grosor de las sombras
eternizo el momento.

Fueron feroces las palpitaciones
de mi corazón,
como ladrón descubierto
mi osamenta agitó.

Confundida ella estaba y
confundido yo
¿Por qué así la miraba?
Sin poderme sonreír.
En esa penumbra ¿que buscaba?
Se decía para sí.
Su mirada no escapaba
la mía sí.

La calidez de un frío beso
mi cuerpo sintió,
hasta que la cordura de dos extraños
el momento disolvió.

Uno de los dos pensó
a la distancia estoy de acuerdo
tan juntitos no.
Si pudiera oler su cuello
o su bofetada esquivar...
En cambio le escribo frío versos
que no leerá.

Ciriaco A. Pichardo S.

Invencibles

Se fueron otra vez,
los besos.
Salíamos como los rayos del sol
irrumpiendo la bruma espesa,
de los amores por contrato,
desdoblándonos entre los nudos
de una rutina temeraria e inescrutables,
Si. Tú y yo... Invencibles.

Y otra vez vamos tras ellos
nunca se van muy lejos,
los besos de los amores puros,
como el nuestro amor,
ahí lo vemos,
retomando el camino a casa.

Cómo agua que fluye inundamos
los huecos fríos y profundos,
con unas paredes lisas e insondables
para los tontos, pero amor,
si. Tú y yo... Invencibles.

Las estrellas ríen y lo saben
el olvido lo recuerda, hace tanto...
Pero siempre vuelven al sofá amor,
los besos si, tú y yo...

Viendo desde nuestra orilla
un camino de pétalos sin flores,
posados cual alfombra en la loza sin alma,
cuando flotan a compás del viento
nimban las cabezas calvas de los amores por contrato.

Y me río de ello, nos reímos de ellos,
y seguimos aquí amor, tú y yo...
Sorteando la vida por luna de miel,
si. Tú y yo... Invencibles.

Y en las noches que nos mata un reloj
nos tocamos las yemas de los dedos,
entrelazas fugazmente mi descarnadas piernas,
buscamos respuesta en nuestras miradas somnolientas,
nos damos la espalda y nos revive el amor.

Si, los besos vuelven
la vida vuelve
revives el amor
tú
yo
si...
Invencibles.

Ciriaco A. Pichardo S.

Techos.

La ciudad se extingue
y los techos permanecen
inalterables
de colores solemnes
sin emociones
confusos
cómo reflejando esta realidad
torcida que nos rodea.

Las antenas sé irguen
con cabezas de fuego
qué no arden
qué no queman a nadie.

Las ventanas que abrazan la penumbra
nos recuerda que el día acabo
las que se encienden nos invitan
a soñar
y no quiero soñar
porque no estás aquí
conmigo.

Los monumentos son torpes sin ti
no hay gracia en sus muros
no hay sueños
no hay nada
solo está realidad torcida
qué emanan los tejados
solemnes cuando el día
acaba
y la ciudad se extingue
sin fuego
sin quemarse
sin ti.

Ciriaco A. Pichardo S.