sábado, 27 de abril de 2019

Su sombra.

La noche con luna se te dan bien
su luz cómplice nimba tu pelo de
rastro de plata
y la aureola impregna su brillo
a esa piel canela que reviste
tu cuerpo.

Me sentía feliz viendo todo aquello
como la naturaleza te premia en su afán
como el destino me tropezó contigo
me acerqué con impávidos pasos
tratando de sorprenderte desde atrás
no sospechaste de mis pasos crujiendo
las hojas secas que alfombraban
el césped oscuro
ni se inmutó tu cuerpo cuando
con mis brazos tome tú cintura
aunque mi perfume delató quien era yo

Una sombra a esa luz que reflejaba
tu mejilla eclipsó
el ramo de rosas en sus manos se agitaba
su semblante palideció
sus ridículos pasos trastabillaban
sin dirección.

No me esperabas a mí
estabas ausente, vacía
como cascarón profanado
al girarte mirabas al suelo
esquivando mi inquiriente mirada
mis dedos que ayudaban a recoger
desde tu mentón la mirada perdida...

Y así fue cuando vi tu cara triste cuando te reíste
a la vez que mi hombría se hacía niño
que me orgullo se esfumaba
con este amor
que anduvo a rastra tantas millas
por ti.

Ciriaco A. Pichardo S.

No quise.

Siempre la vi entre nubes
el humo malvivía a su alrededor
las botellas se amontonaban
en los rincones donde más de una vez
bebí de ella.

Y era excitante todo aquello
lo salubre del vino sobre tu piel
beber de ella
alucinante.

Varias semanas lo fue
una locura.
Cuando el desenfreno paraba
no quedaba nada entre nosotros
eras una esfinge
sobria
miraba inerme
con esos ojitos que fruncía
ante la luz
no sabía estar sana.

Un vacío de hielo
se interponía en medio
helándolo todo
matándolo todo
querías morir conmigo
pero no quise.

Ciriaco A. Pichardo S.


Que tonto fui.

Me ha Sido fácil
creer las mentiras
cuando olvidó rebuscar
por dentro
nunca fui tan tonto
como a su lado
menguaba entre su sueño
y el mío
mientras la realidad acechaba
en alguna parte
lejana
cómo ella lo está ahora.

Se entregaba como si me amara
y era maravilloso
compartir ese espacio con las estrellas
la atmósfera irradiaba
desde el fondo de sus ojos
y entre sus piernas fui menos que hombre
fui un niño llevado de la mano
contemplando todo aquello
encantado
por ella
por lo que me daba
y siempre pensé que me amaba
yo la amaba hasta los huesos
y era mágico.

Todo en ella me inundaba
me salvaba con sus besos
y sus caderas era todo lo que soñaba
cuando dormía y despertaba
siempre estaba en el centro de todo
la respiración se dificultaba
en su ausencia
increíble
que feliz fui
que tonto fui
a su lado.

Ciriaco A. Pichardo S.


No lo recuerdo.

Éramos felices
o al menos eso quise
o tal vez solo lo imaginé
como bálsamo alterno
a esa realidad que no recuerdo.

Supongamos que no...
Y maldigamos lo que fuimos
contando anécdotas de como
malvivíamos en un infierno supuesto
por tu afán de quererme a medias
por mi ingratitud a tus besos
y el desdén a tus flácidos pechos.

Es difícil saberlo, amor.
Si cuando desnuda te echabas
a mi lado y buscabas mi sexo sin respuesta
te carcomías las sienes al ver
las cenizas del fuego extinto en mí.

¿Y si fuimos felices, amor?
y no lo recuerdas.
Supongamos que si
y contemos como de la mano
nos vitoreaban las flores
como el sol en su rojizo ocaso
alumbraba nuestro camino
en las tardes que éramos uno
digamos a todo amor
que extrañamos como nos mojaba
el rocío esperando el amanecer
mirándonos a los ojos.

Que no dio abasto nuestra habitación
y cuando me besabas
mi sexo se alegraba y en el tuyo correteaba
por la sala, por la cocina... Hasta el balcón.
Que nadie te quiso tanto
que nadie ardió por ti tanto
que nadie metió en el tuyo
su corazón.

Pero amor
no lo recuerdo.

Ciriaco A. Pichardo S.

domingo, 7 de abril de 2019

inventándola.

Tengo que buscar la forma
de amar
de sentir las atrocidades
de los enamorados en mi interior.

El tiroteo de los nervios
al ver unos labios entreabiertos
la inseguridad de no tener siempre
a la vera mi amor.

Tengo que encontrar a esa.
Que me vuelva tonto
que me haga fulminar la pantalla
del teléfono
y rabiar por la ausencia de una notificación
preocuparme si vive, si murió
y mirar por la ventana el cielo plomizo
resoplando una canción.

Tengo que buscar la forma
de amar
de sentir las atrocidades
de los enamorados en mi interior.

Que me erice la piel su roce
que mis ojos se nublen
en su contemplación
que su rostro eclipse
aquellas montañas
esta flor
y que por su costado
baje un rio
y desafiemos el reloj.

Verla de la mano en las plazas
con otros tipos que nunca son yo
que llevo dentro un capullo encerrado
resguardando el amor
para no salir herido
o herirla yo.

Es que soy tan arcano
tan vago
que en vez de encontrarla
la veo en todas
y para no marchitar
me quedo en mi rincón
inventándola...
Inventándonos.

Ciriaco A. Pichardo S.

Cuando la veo...

Siento algo extraño
cuando me la encuentro,
tartamudean mis pensamientos
y no logro articular
una silaba que gane su atención.

Casi nunca la veo,
la protegen de todo
la ocultan de todos.
Encerrada en una jaula
de barrotes macizos
y altos muros indivisibles.

Sigo sintiendo algo extraño
cuando la veo,
iba delante de mí
a pasos ligeros,
su silueta desde atrás
difumina su alrededor.

Su aroma me envainaba
su pelo conseguía mi atención
y la mirada invasiva que le posaba
le cosquilleo el costado.
Giró su rostro y ahí estaba yo
atolondrado de su mirada en la mía.

Su sonrisa me desatonto
y mis labios trataron
de imitar los suyos
malamente.

La saludé como único
se atreve mi laconismo.
Un ademán imbécil
que coloca un abismo
de distancia,
mientras ella vuelve sus
pasos a aquella jaula
que la protege de todos
que la esconde de todos
que la deja sin mí.

Ciriaco A. Pichardo S.