domingo, 24 de marzo de 2019

Descarnada.

Rara vez parece viva
lo débil de su cuerpo
encorva su espalda
sus diminutos pechos son
pezones punzantes.

Cuando ríe
su nariz aguileña
enrojece y me encanta
y el desaliño de sus nuevos días
marcan la cotidianidad de su amor
en el mío.

Sus piernas sobresalen
a sus caderas
su sexo se agiganta
a la ausencia de muslos
sus costillas siento
al rodearla con mis brazos.

Y me encanta
la ligereza de su amor
la carencia de carne
adiposa
que la esqueleta.

La animo con amor
trato de alimentarla
como pichón de pájaro
desvalido.
Y cuando lo logro
llora culpable de haber
confiado en mí
que la engordo
para luego arrojarme
a los pies de otro amor
descarnado.

Y beso sus mejillas
tristes, flácidas...
Y besos sus lagrimas
y ya no sé si son suyas
si podre sostenerla.
Aunque siempre ligera
su alma pesa
como su amor en el mío
que la amo así
descarnada.

Ciriaco A. Pichardo S.

Es muy joven.

Su ingenuidad me sigue
mientras trato de no encontrarla
sin embargo en todo la veo
con su par de moños
y esa boca de diosa.

Me sacudo y la ignoró
vagamente
casi nunca lo logró
es tan bella y viene a mí...

Es muy joven
yo lo sé
y me jode
sabe hacerlo
con sus labios siempre
rosas
dejando escapar nimios suspiros
borbotando sus jóvenes pechos hacia mí
que me escabullo
vagamente.

Y quisiera ser joven de nuevo
y quisiera no ser tan hombre
de nuevo
mientras ella viene a mi
y me acusó de huir
un año más...

A veces me pasa tan cerca
que rosa su piel junto a la mía
que se eriza
de miedo
de deseo
de que los años le pasen
y poder detenerla tomándola
de sus brazos flácidos
y verle a los ojos
y perderme en ellos
en sus labios también
que siguen dirigiendo
su hálito hacia mí
y punzar mis pechos
con los suyos
y olvidar los relojes
el tiempo
pero huyó
vagamente
un año más.

Ciriaco A. Pichardo S.

sábado, 9 de marzo de 2019

Chistes.

No perduran los chistes
de los cuerdos de atar
no son fríos los cebiches
si en la hoguera han de estar.

No sonríen los que fingen
ser más cruel que la crueldad
si se desbrazan los meñiques
zapatea y deja atrás.

No es dolor eso que viste
es decepción y cierta piedad
si de un jalón te fuiste a pique
qué traigan tequila, limón y sal.

De Romeo a todos vistes
sean Ramones, Luises o tal
de cuentos tus días grises
de azafrán tu realidad.

No me atrevo a enviarte flores
ni a redimir tú vago andar
si el cerdito no aguanta ni un penique
no quedan cuentas por cobrar.

Ciriaco A. Pichardo S.

Tragaluces.

Tus ojos veo en los tragaluces
de las abadías ancestrales
que recorro hasta tus brazos
socavando el camino.

Y se hacen eternos mis pasos
que destrozan las hojas secas
de un otoño que de ti pasa
esperando mi llegada.

Las escalinatas pretenden desganarme
pero el perfume que me guía hacia ti
arrastra mi cuerpo encantado
y las flores que de las grutas
de altos muros se asoman,
me sonríen y me indican el camino.

Ese camino que por ti
tantas veces he de recorrer
sorteando los obstáculos
de los amores grandes...

Espero tu despertar junto al mío
por la eternidad que me parece
poco tiempo. Te amo.

Ciriaco A. Pichardo S.

Lindo recuerdo.

Hace tiempo que no te veo
y me alegro de ello
no guardo rencores amargos
no olvidó los dulces
ni tus piernas.

No sueño con verte
en esa lejanía
borrosa y sin destino
cuando rezó te nombro
claro, casi nunca lo hago
aun así, te pienso cuando
no hago nada más
cuando llueve por ejemplo
y estoy aguardando bajo
algún cielo falso
entonces pasan caminando
algunas piernas preciosas
y ahí llegas de a pedazos
siempre lejana
traslúcida.

No sé si me piensas
cuando ves un desamparados
quizás te pasé
y su colilla me nombré
o me maldice
y me destrozas
en el pensamiento.

Eso quiero
no ser un lindo recuerdo
como el de un perrito
ido a destiempo
quiero ser sombras
abismo infranqueable
solo quiero ser yo
en tus recuerdos.

Ciriaco A. Pichardo S.

Derrape otra vez.

Derrape otra vez
entre tus muslos llenos de frío
y no supe que hacer luego
si huir o quedarme guarecido allí
esperando el calor.

No te diste por enterada
o me ignorabas en tu perfidia
no sentí reacción alguna
y busque tus ojos al apartarme
chocaron con los míos
lo sabías.

Que volvería alguna vez
siempre pasa
cuando te destruyo
alguien me destruye a mí
entonces vuelvo tras mis pasos
hasta el frío de tus muslos

El calor no llega
ya no despierto llamas en ti
me apena, lo sabes
te amo de forma extraña
y te gustaba casi siempre
esta vez, no estoy seguro
parece no importarte
una mierda.

Te ladeas y muestras tú espalda
la cicatriz de la estocada me guiña
tus curvas siguen firmes
tu corazón no siento latir.

Parece que es cierto
a veces se está tan roto
que no hay manera de
hacerlo más.

Y aquí estoy
buscando salvarte
mientras me salvó
a tu lado
invisible a ti

Pero no logro nada
no logro hacer encajar
los pedazos acuíferos
de esquinas deterioradas.

Adiós, pedazos de mí.
Ciriaco A. Pichardo S.

Calle abajo.

Iba calle abajo
el sol me recalentaba la nuca
los autos sobre la avenida
marchaban ligeros
me resguardó la parada del bus.

El humo del cigarrillo
me llevo a la rubia
chupaba el cigarro con
esos labios regordetes
Y rojos, lo dentaba en
cada chupón.

Pasaban todos llenos
hasta el tope
decenas de rostros grasientos
sé amontonaban en el interior
nos miraban como el que está
donde queremos
como si no existieran más buses

La rubia tenía un profundo escote
preguntó si yo era poeta
me perdí en su escote
y negué con la cabeza
dijo que parecía uno
todos lo parecen respondí.

Y no pude dejar de mirarla
y no pude decirle nada más
y su escote se tragaba al mundo
y a mí.

Ciriaco A. Pichardo S.

Lagrimales.

Eres el cuerpo ausente
que acucias mis lagrimales
hinchados que se rehúsan,
Y al saberse tan lejos de
tus labios se desbordan
impasibles.

Todas las rosas parecen tú.
Todo el vacío llena tu recuerdo
y si camino por aquellas calles
desoladas que impregnamos de tu
perfume, de tu risa, de ti...

Me asquean con su silencio
reprochándome no pisarlas
en tu compañía,
y el árbol que contemplabas
con la copa en tus manos
no ha florecido jamás.
Y así, acucias los lagrimales
que te conté.

Ciriaco A. Pichardo S.

martes, 5 de marzo de 2019

Doblados.

Mi espera se desvela
observando los pasos torpes del hombre,
avanzando a todos los lugares
a los que lo impulsan las manecillas del reloj,
en busca de algo mientras ignoran todo.

Van doblados subiendo cuestas,
cargados de sueños borrosos e improbables,
con más expectativas que deseo,
con el cansancio como motor de utopías
a las que viven aferrados con manos hercúleas.

Ignorando, si, lo ignoran...
Que en cada paso pasan de lo que si importa,
lo fácil pareciera serle invisible,
lo sublime de lo simple no interesa,
lo que se poseen ya no impresionan a nadie.

Van doblados,
en busca de lo extraordinario
para colgarlo del cuello mientras su brillo dure,
para luego hacer hueco en el cajón
de cosas extraordinarias e ir por más,
siempre más...
Insaciables y doblados.

Subiendo la cuesta,
mientras los veo sentado
desde mi orilla,
y río
y lloró
y me apenó
y deja de importarme
hasta que me veo allí
doblado...
En medio de todos.

Ciriaco A. Pichardo S.