lo débil de su cuerpo
encorva su espalda
sus diminutos pechos son
pezones punzantes.
Cuando ríe
su nariz aguileña
enrojece y me encanta
y el desaliño de sus nuevos días
marcan la cotidianidad de su amor
en el mío.
Sus piernas sobresalen
a sus caderas
su sexo se agiganta
a la ausencia de muslos
sus costillas siento
al rodearla con mis brazos.
Y me encanta
la ligereza de su amor
la carencia de carne
adiposa
que la esqueleta.
La animo con amor
trato de alimentarla
como pichón de pájaro
desvalido.
Y cuando lo logro
llora culpable de haber
confiado en mí
que la engordo
para luego arrojarme
a los pies de otro amor
descarnado.
Y beso sus mejillas
tristes, flácidas...
Y besos sus lagrimas
y ya no sé si son suyas
si podre sostenerla.
Aunque siempre ligera
su alma pesa
como su amor en el mío
que la amo así
descarnada.
Ciriaco A. Pichardo S.