en los escombros de mi vida,
donde mis manoteos no atinaban
a sostenerse de nada,
donde el polvorín me negaba la vista
y la nebulosa estupidez mermaba
mis pensamientos,
en fin, entre las sombras
y mi vulnerabilidad.
En principio solo era una amistad,
un soporte de lágrimas mutuas
por asuntos de cada uno,
hasta que...
Recibí sus besos
que en nada lastimaban,
eran llovizna de frescos
y mis heridas cercenaban.
Déjame que explique esto,
no tan diablo como contaban,
de día son agridulces
y de noche como imaginaba.
Los días tristes en mí posaban
aquella mariposa de miel de hada,
su piel desnuda rompe hielo,
su voz repetía lo que soñaba.
No fue sincero el plan que abrimos
sin sospechar que sospechaba,
más de lo que quiso me dio de noche
mis días gélidos le fruncían el alma.
No tuve pena de irme un día,
sin reprocharle sus dobles ramas,
ora flores, ora hojas
ora espinas, ora nada.
De tallo igual que se doblaban,
digo de las ramas no de las campanas
de la iglesia coja donde se confesaba
de ser noche de polen
y días de llamas,
su perfume de azufre
y no ser llana.
Deja que explique esto...
Sin saber que significaba,
llorando paria lirios
riendo partía el alma,
muy frágil me encontraba
y no supe dejar su mano
que hacia mí erraba.
Menos tiempos del que creí
pasó de Orquídea a verde grama,
en vez de alas, espuelas.
Sus ojos fierro magnetizaban.
Fui dejándola ser
y fue tanto que no llegaba,
al encuentro turbio tan débil
como se esperaba.
Y para que seguir sufriendo
hurgando por dentro lo que pasaba...
Pa no cansarte el cuento
ella voló, como volaba.
Ciriaco A. Picharado S.
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