su luz cómplice nimba tu pelo de
rastro de plata
y la aureola impregna su brillo
a esa piel canela que reviste
tu cuerpo.
Me sentía feliz viendo todo aquello
como la naturaleza te premia en su afán
como el destino me tropezó contigo
me acerqué con impávidos pasos
tratando de sorprenderte desde atrás
no sospechaste de mis pasos crujiendo
las hojas secas que alfombraban
el césped oscuro
ni se inmutó tu cuerpo cuando
con mis brazos tome tú cintura
aunque mi perfume delató quien era yo
Una sombra a esa luz que reflejaba
tu mejilla eclipsó
el ramo de rosas en sus manos se agitaba
su semblante palideció
sus ridículos pasos trastabillaban
sin dirección.
No me esperabas a mí
estabas ausente, vacía
como cascarón profanado
al girarte mirabas al suelo
esquivando mi inquiriente mirada
mis dedos que ayudaban a recoger
desde tu mentón la mirada perdida...
Y así fue cuando vi tu cara triste cuando te reíste
a la vez que mi hombría se hacía niño
que me orgullo se esfumaba
con este amor
que anduvo a rastra tantas millas
por ti.
Ciriaco A. Pichardo S.
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