cuando me la encuentro,
tartamudean mis pensamientos
y no logro articular
una silaba que gane su atención.
Casi nunca la veo,
la protegen de todo
la ocultan de todos.
Encerrada en una jaula
de barrotes macizos
y altos muros indivisibles.
Sigo sintiendo algo extraño
cuando la veo,
iba delante de mí
a pasos ligeros,
su silueta desde atrás
difumina su alrededor.
Su aroma me envainaba
su pelo conseguía mi atención
y la mirada invasiva que le posaba
le cosquilleo el costado.
Giró su rostro y ahí estaba yo
atolondrado de su mirada en la mía.
Su sonrisa me desatonto
y mis labios trataron
de imitar los suyos
malamente.
La saludé como único
se atreve mi laconismo.
Un ademán imbécil
que coloca un abismo
de distancia,
mientras ella vuelve sus
pasos a aquella jaula
que la protege de todos
que la esconde de todos
que la deja sin mí.
Ciriaco A. Pichardo S.
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